En un artículo del interesante blog Techcrunch el autor canadiense Jon Evans criticaba como la industria editorial no está sabiendo adaptarse al mundo digital. Es ciertamente frustrante ver como alternativas que beneficiarían tanto a escritores y lectores (y por lo tanto a las propias editoriales) se paran o cuesta sudor y lágrimas sacarlas adelante por la ineptitud o simplemente la falta de visión de unos pocos. Soy de la opinión que la piratería es nefasta para la creación artística. Pero también creo que el origen de la piratería está en unos precios ridículos para unas ediciones que debieran ser casi regaladas. Editar un libro con tapas blandas y venderlo por más de 20 euors (por no decir 15) es un robo. En esos casos no pagamos necesariamente una calidad literaria sino el apellido del escritor firmante de la obra. Y eso, no siempre está justificado.
Los libros me encantan. Puedo pasarme horas en librerías acariciando tapas y ojeando volúmenes. Ahora, el libro electrónico ha supuesto una revolución en el mundo de la edición de libros que todavía no alcanzamos a comprender. El lujo de poder llevar contigo a todas partes las obras completas del más fecundo escritor sin ninguna repercusión a tu espalda es algo maravilloso. ¿Significa esto que no vaya a comprar un libro físico nunca más? No, un rotundo y sonoro no. Ahora, no me voy a comprar ediciones de chichinabo que tras llevarlas en una cartera o bolso durante un par de semanas ya están para reciclar. No me duele gastarme 50 euros (o más) en una buena edición de un libro, siempre cuando lo merezca. Creo que paradójicamente los nuevos libros que compre puede que sean para no leerlos.
Para mis lecturas de diario recurro a mi libro electrónico (soy un gran admirador del Kindle, ya expondré otro días sus virtudes). Tengo la posibilidad de realizar anotaciones, subrayados, realizar búsquedas… Todas las ventajas que tiene el libro tradicional pero mucho más limpias y fáciles de usar. Además uno puede entender que si nos ahorramos la impresión del libro físico se eliminan costes y el libro nos sale más barato. Pero también, al reducir el libro a un archivo, aparece la posibilidad de la piratería. ¿Cómo evitarla?
Creo sinceramente que la solución pasa por ofrecer un catálogo atractivo a un precio razonable. Y la posibilidad de crear un modelo de subscripción es bastante atrayente. Del mismo modo que uno en Spotify tiene acceso a una gran discoteca pagando una cantidad razonable de dinero, los lectores en formato digital tendríamos que poder disponer de servicios parecidos que en el fondo neutralizaran la piratería al ofrecer materiales a precio competitivo y razonable. Amazon ya dispone en Estados Unidos de un opción premium que, entre otros beneficios, ofrece al lector un catálogo de libros que puede tomar en préstamo de forma gratuita, como una biblioteca.
¿Quién será el que acierte con la mejor opción?
