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Amores enanos: una novela corta, evidentemente

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Jeanmaire, Federico Amores enanos, Anagrama, 2016

Portada Amores enanosMuchos filósofos han argumentado en el pasado que no existe la realidad si no es a través de los ojos que la observan. Es decir, es nuestro punto de vista el que conforma nuestro mundo, que puede parecerse o no al de nuestro vecino (eso ya es cuestión de perspectiva). Pero cuando hablamos de puntos de vista solemos hablar en paralelo, no en perpendicular. Menos Federico Jeanmaire que en su novela Amores enanos, publicado por Anagrama, cede la voz a todos aquellos que miden menos de un metro y cuarenta y siete centímetros.

Jeanmaire, nacido en Buenos Aires (1957) está licenciado en Letras y es profesor universitario. Especialista en El Quijote ha publicado también en Anagrama Miguel, una biografía ficticia de Cervantes, así como el ensayo Una lectura del Quijote, publicado este volumen en Seix-Barral. Ha obtenido diferentes galardones: Premio Especial Ricardo Rojas 1997-1999 por la novela Mitre, Premio Emecé 2009 por Vida interior y Premio Clarín 2009 por Más liviano que el aire. Con la novela Amores enanos ha sido finalista del XXXIV Premio Herralde de Novela.

Lo siento, pero el mundo siempre me ha quedado grande e incomprensible

El libro que nos traemos entre manos en un ejemplar peculiar, único. Y no lo es porque vaya a cambiar la historia de la literatura. Lo es por la combinación de género (novela corta, cuento, relato… el género que prefiera usar el lector para referirse a un libro que no es un ladrillo), trama (el narrador es un enano y eso ya es algo diferente) y el tono (a mitad de camino entre el humor y el patetismo). Solo por atreverse a utilizar esos mimbres para construir su historia y salir victorioso de la empresa Jeanmaire se merece cierto reconocimiento.

La voz que nos cuenta la historia protagonista de Amores enanos es Milagro León, que como nombre para una persona que no llega al metro treinta centímetros tiene cierta gracia. A Milagro le acompaña Perico, otro enano con el que trabajó en el pasado en un circo y con el que se ha ido acostumbrando a vivir con el pasar de los años. Las circunstancias llevarán a Milagro y a Perico a ahondar en su relación para salir adelante una vez que en el circo donde trabajan ambos cierra y se ven abocados a buscar una nueva vida.

Federico Jeanmaire, autor de Amores enanos
Federico Jeanmaire, autor de Amores enanos

No sé si alguien se atreverá a llevar este relato a la pantalla pero ya les auguro que no será la típica comedia romántica protagonizada por Jennifer Anniston y el playboy de moda en Hollywood. Porque aunque hay amor (o intentos o deseos de amor) lo que Amores enanos se propone es mostrarnos una realidad que normalmente no queremos ver y que, en cierto modo actúa como un espejo deformado de nuestro mundo (al igual que el esperpento de Valle-Inclán). Leyendo sus páginas uno siente en algunos momentos estar dentro de La parada de los monstruos o de El ángel azul. Con cada página que pasamos la historia se va volviendo más sórdida.

Milagro, que solo odia tres cosas en la vida (las desproporción del mundo, los diminutivos y que la gente no siga las normas) va ajustando cuentas con el universo que le rodea a medida que va avanzando su narración. Poco a poco entenderemos por qué nos está contando esa historia, porque le cuesta tanto empezar a contarnos lo que de verdad nos desea contar, porque le interesa ir dejando cualquier detalle de su narración totalmente claro. Y mientras tanto el lector se va adentrando en un mundo que no es el suyo y que hace que seamos nosotros y no los “hombres y las mujeres bajas” los que nos sintamos extraños. Las desviaciones de la trama central que Milagro va introduciendo es su relato son pequeñas (perdón) dosis de reflexión, a veces cargadas de una gran belleza (punto débil de nuestro protagonista) que se ven interrumpidos bruscamente por el devenir de los acontecimientos y por la forma de narrar del propio Milagro: brusca, cortante, telegráfica casi. Y muy oral. Parece que escucháramos al personaje recostado en la barra del bar desgranar sus miserias más que leer las páginas de un libro.

Me gustan los libros que toman un símbolo de nuestro imaginario colectivo para darle la vuelta y que lo empecemos a ver de una forma diferente. Jeanmaire va jugando a lo largo del libro con Blancanieves, la madrastra, el espejo y, como no, los siete enanitos: “la vida no es ningún cuento infantil, la vida es la vida, y se me ocurre que la madrastra jamás frente al espejo se pensó a sí misma tan mala como la leemos ni Blancanieves, vaciándole los platos de comida a sus anfitriones, se pensó tan buena ni tan amable como aparece a los ojos de los lectores”.

Libro ideal para las vacaciones por su brevedad y fácil lectura. Pero por favor, no se queden en la historia, bajen (de nuevo perdón) al punto de vista del narrador e intenten ponerse en sus zapatos. Mánchensen los zapatos de barro y entren en este mundo con la mente abierta.

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